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miércoles, 30 de abril de 2008

El proceso de desacralización del Chocapic

Razones para observar en el proceso de profunda fragmentación identitaria y enajenación que de un tiempo a esta parte, ha sufrido un componente central de la dieta de ciertos jóvenes chilenos, es decir, el Chocapic, la expresión de los ya bien constados por las disciplinas autoproclamadas como sociales, procesos de sobremodernidad, desencantamiento del mundo y todos esos nihilismos baratos, nos sobran.
En este caso, dado el apremiante contexto sociohistórico chileno y su matriz neoliberal y globalizante, el preocupante caso de los cereales Chocapic da pie a un amplio abanico de debates, interpretaciones y propuestas.
La centralidad del Chocapic en nuestro análisis radica en que dicho alimento ha sufrido los embates de la tendenciosa ideología mundial de lo que llamaremos "integralismo", es decir, no es otra cosa que la falaz y vacia promoción de un estilo de vida supuestamente más sano y natural. Recordemos que desde el año pasado, Nestle viene aplicando en nuestra país la misma política que en todos los paises en los cuales funciona esta multinacional: todos los cereales son supuestamente integrales, fortificados con no-se-cuántas-vitaminas-y-minerales y no sólo eso, además, sus cajas incluyen formadorass lecturas instructivas sobre la importancia del ejercicio y una alimentación equilibrada.
Recuerdo muy bien el día en que abrimos la primera caja que anunciaba la nueva fórmula integral de nuestros bien amados Chocapics: decepcionadas constatamos, no sólo la deformidad fisica de los nuevos cereales, si no tambien su desilusionante sabor. Hubo quienes ni lo notaron (recuerdo una enconada disputa con cierta compañera de curso) pero quienes si lo hicimos, debimos resignarnos y decir, "bueno, al menos comeré una cosa menos". Lamentable situación, dada la angustiosa arbitrariedad con la cual los fabricantes pueden llegar y cambiar el sabor de sus productos: tristemente célebre es el caso de las galles Frac de chocolate, que tanto placer nos dieron en su momento y que ahora encontrar un paquete rico de éstas se halla sujeto al azar, sea de la fábrica, sea de nuestra compra.
Ahora bien, para no desviarnos del vital tema que aquí nos congrega, vino luego esa aberración, por decirlo menos, del Chocapic Duo (!), que, dado su absurdo, no merece más que su mención. Ni hablar de las desperadas estrategias de enganche, los juguetitos inútiles y el explotación del trillado "Y PAF! NACIÓ CHOCAPIC"... triste muy triste, nuestras almas, profundamente heridas y dolientes bajo el seno de la posmodernidad, se lamentan de esta descarnada y obscena depravación de un alimento tan ideosincrásico chileno como es el Chocapic.
Afortunadamente y contra todo pronóstico, lentamente Chocapic volvió a ser el de antes. Ya no era aquella hojuela hiperinflada que sabia a aire (si es que hemos probado el aire...), al paso del tiempo fue despojándose de esta falsa apariencia para regresar a su apetitoso y tradicional sabor.
Finalmente, quisera agregar que la última innovación de Nestlé para Chocapic es "ahora más chocolatados" no sé bien literalmente cómo esta anunciado pero, lo sustantivo de dicha estrategia es que, los ha hecho mucho más deliciosos y adictivos que antes. En serio, la conclusión (niños y niñas) de esta reflexión en torno al proceso de declinación y fragmentación identititaria del cereal Chocapic es: comprenlo, se parece cada vez más al Milo y con yogurt de frutilla es sencillamente súblime.

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Eh, eh... ¿cómo estoy pa' socióloga? Próximante, en otra noche de exceso de marxismo, desarrollaré mi teoría sobre porqué en mi curso los antropológos sociales somos cada vez menos y cualitativamente, cada vez más piantes.
Lo invito a imaginar lúdicamente "el derrotero final" de mis teorizaciones de cuarta....

sábado, 22 de marzo de 2008

Femineidad






Si tomamos un disco de Carla Bruni, un día soleado y caminado por las calles de Ñuñoa, y por otro lado, dos intensas horas de intentar mover las caderas más allá de los límites imaginados, lo que obtenemos es un encuentro duro y frontal con mi feminidad.
Sucede que nunca me he planteado de manera formal (léase académica) que significa ser mujer. De hecho, hasta que evadido un poco el típico discurso muy del género y siendo honesta, digamos que siempre he dado por asumido el hecho que soy mujer, la verdad es que no tengo una teoría sobre ello y no se me ocurre nada medianamente original sobre el tema.
Una vez, la Dani me dijo que según la tradición médica a la cual adscribe su padre, la medicina antroposófica, los problemas relacionados con todo el tema hormonal, particularmente del tipo "Ovario Micro-Poliquístico", se los interpretaba como resultado de un conflicto con el modo en el que la mujer asume su feminidad. Y ah que no, como algunos ya saben, yo sufrí (o sufro) de dicho trastorno desde que inicié mi segunda división meiótica. Recuerdo que cuando me lo dijo, la miré raro y pensé que era una de las tantas ideas locas que tiene esta mujer, y no quisé darle más vueltas al asunto, porque proviene de la misma persona que para que no le de alergia la primavera elimina de su dieta todos esos deliciosos alimentos lacteos y cálidos (esto hacía que cada compra en el kiosko de ciencias se hiciese casi una tortura, ya que esta señorita procedía a analizar cada uno de los componentes de los alimentos que creía podía comer hasta descubrir que tenían algun derivado de la leche, café, chocolate y tantos etcéteras; finalmente, nos ibamos del kiosko y ella había comprado unas miserables galletas museo y un jugo natural).
Lo que recuerdo de toda esa muy oscura época, creo que entre los 14 y 15 años, fuera de todos los exámenes que me tuve que hacer, el inicio de la constante peregrinación de ginecólogo en ginecólogo y el diagnóstico de ovarios micropolíquisticos es que a mi me pasó algo muy heavy. Recuerdo que le pregunté a mi mamá que significaba, porqué me había dado y como se suponía iba a tratarlo. Mis ovarios no funcionaban como se debía y eso me estaba trayendo un montón de consecuencias, de partida físicas: entre el sobrepeso, las espinillas o que no tenía pechugas hasta psicológicas: es un síndrome típico en mujeres que se sobreexigen demasiado. Algo que se me grabó para siempre es que no se sabía que era primero (el huevo o la gallina). A esto, le sumabas que la infertilidad era un posibilidad factible. Lo inmediato fue el caos, la rabia y la pena. Sentía que no podía ser que tu propio cuerpo te gobernáse a tal punto que daba lo mismo lo que yo hiciera por resolver todos esos dramas y que la solución pasaba por si me tomaba o no, mensualmente, una cajita con 21 o 28 pastillas.
Muy largo es todo lo que pasó desde que un par de papeles, ecografías y deshumanizados doctores llegaron a tal conclusión. Todo, incluida la increible doctora antroposófica que cambió totalmente la manera en que yo entendía mi cuerpo y mi vida síquica. Es sabido que soy profundamente obsesiva con todo lo que hago en la vida, ansiosa, hiperventilada y tantos otros epítetos. Pero creo que nunca he entendido bien el nexo entre el cuerpo y la mente, o nunca he sabido llevarlo, porque a mi me pasa todo por la guata, todo por el útero (como me dijo una vez el Leo) pero en algún punto las cosas se disocian y termino viviendo todo en dos planos, uno racional y el otro a nivel de mis prácticas concretas. Cuántas veces he querido apagar el switch de mi cabeza por un rato y dejarme ser, aunque sea por un rato.
No se bien a que voy con todo esto, porque siento que carezco de bases teóricas como para proclamar una interpretación integral sobre el rollo del lo que signfica ser femenina, hoy en mi vida. Pienso en el rol o más bien, lo que yo imagino de mi misma en el futuro y lo que obtengo es un pastiche de recuerdos, frases al aire y el alarmante dicho de una, tambien deshumanizada, sicóloga que anunció que yo pertenecía a cierta generación de mujeres castradoras, que son tan exitosas profesionalmente que no saben que hacer con sus maridos en la casa. A esto súmenle la constatación empírica, triangulizada por diversas fuentes, de la progresiva consolidación de una generación de hombres mamones, desorientados y con una complejidad emocional nunca antes vista ¿Que pasó aquí? La verdad no lo sé, pero quizás escribrir de esto haga que me desenrede un poco.
Es extraño porque me crié en un ambiente familiar súper marcado por la presencia femenina. Mi familia es un matriarcado en sus orígenes y en su proyección. Mi núcleo familiar, para que decir... pero mi propia vida, la he orientado a superar (en el sentido kantiano, creo, es decir, abarcar completamente un sistema, extenderse sobre él y trascenderlo) mi relación con el género masculino, partiendo, muy obviamente, con mi papá. ¿Y qué queda, cuando muy abstractamente creo saber que se supone debo esperar de un hombre, más allá de la cotidianidad o de la contigencia? No lo diré pero es bastante obvio.
A lo que yo iba con todo este jugo es que, poner a tus caderas como el centro del universo, aunque sea por dos horas es un ejercicio que toda mujer digna de llamarse así, debe hacer. Sin falta esta semana me compraré el pañuelito-o-cinturón-con-moneditas-que-suenan y será verde o naranjo.

Posdata: si alguién logra leer el post completo, se gana unos huevitos de chocolate.

jueves, 28 de febrero de 2008

El Paradigma Anti Mina

1. Introducción y contextualización del problema.
De un tiempo a esta parte y dentro del marco de teorías o más bien, esbozos de teorías con las que suelo asaltar al mundo esperando la opinión que las desinfle, surgió la idea de que soy de una clase de mujeres a las que vamos a denominar "anti minas". No es una idea nueva ni completamente original, pero hoy en la deliciosa frescura de Las Vizcachas con mi hermanita afloró mi teorización personal con respecto a este tipo de mujer. Le contaba la increíble y triste historia del gran mino (la extensión masculina a la cual hace referencia la teoría) absolutamente mino, absolutamente pasado a cuico, fornido y todo, con el que me topé bailando en Brasil, que cuando se disponía a invitarme a un trago me dijo "ay estos negros de mierda", lo que condujo a que yo lo dejasé ahi, con la capiriña en la mano. Me cuestioné profundamente como ese loco se acercó a mí. La cosa es que, con la Fegni elaboramos un perfil y una descripción genérica de lo que es una "anti mina" en torno a tres ejes principales. Ante todo, me gustaría aclarar que no se trata en ningun caso de una crisis de autoestima ni un arranque de feminismo; este jugo es ante todo, una aproximación a base de observaciones y experiencia personal.

2. Perfil físico.
La anti mina esencialmente es eso, una anti mina en el sentido más básico del termino. Sin sonar a reportaje de anorexia, obesidad o cirugias plásticas tipo "en esta sociedad en la cual somos constantemente bombardeados con imágenes de un cuerpo esbelto y voluptuoso, un cánon de belleza altamente mediatizado" y weas, digamos que una anti mina es una mujer fisicamente normal, que no está exagerademente preocupada de su aspecto, que no ha considerado seriamente aumentar o reducir alguna parte de su cuerpo mediante operaciones, que NO viste acorde a la moda de turno, en parte por un tema de criterios básicos (esnobismo principalmente) y por otro porque sencillamente, no le agrada, no le queda. Un ejemplo clave, la anti mina no usa minifaldas y si las usa, se pone pantis.

3. Perfil mental.
El ser "anti mina" pasa principalmente por un tema de la actitud con la cual ella se enfrenta al mundo, se asume a sí misma y esto se denota más claramente, a nivel social, en la actitud con la cual se enfrenta las relaciones con el sexo opuesto. Un ejemplo claro, la anti mina en general desconoce las artimañas con las cuales las minas saben dominar, subyugar y mantener el control frente a una situación de seducción o de rechazar a un potencial candidato a algo más; me refiero especialmente a que este tipo de situaciones no se dan en ella de manera conciente, friamente planeada o según un proceso estandarizado. Esto va muy ligado con el punto cuatro. Otro punto importante, es su sentido del humor. Generalmente, está mas cerca del humor masculino que el se podría pensar para una señorita.
Otro detalle importante, la anti mina detesta los bailes de moda. No bailó axé, ni tampoco tolera el reggeton. Este punto es clave a la hora de identificar a una anti mina en un contexto social.
Ahora bien, tal como lo entendimos con mi hermana, la anti mina tiene algo de groupie looser, un concepto acuñado entre ella y yo, que dice referencia a aquella mujer que ama la música y los músicos, de manera babosa y un poco exagerada; sin ser necesariamente una looser. Un caso puntual, la anti mina llama si quiere llamar y escribe si quiere hacerlo.

4. Perfil emocional.
La anti mina esencialmente siente y de verdad. Y las cosas que siente, a menudo y por no decir, casi siempre, la cagan. La anti mina confía, todavía cree en ellos. Los valora y se siente a gusto junto a ellos.; a pesar de lo mucho que la superan y de cuanto sea capaz de pelarlos. Es de aquellas que con facilidad puede hacerse su amiga. En otras palabras, uds. podrian decir, que es totalmente pava. Pero asi la quieren y harto.
La anti mina detesta las cursilerías y las canciones de amor cebolla, tipo Sin Bandera, tipo Arjona y tipo Chayanne (nunca pensé que estos nombres iban a ser escritos en mi blog), las fotos de parejas besándose con corazones y flores haciendo de marco. Detesta a las típicas minas que entran en dichos parámetros y se burla cruelmente de ellas. Ama los detalles, ama los hombres llenos de detalles.
En definitiva, se sabe especial y sabe que cuenta con ese bonus. Sabe que es extraña y no le incomoda.

5. Conclusiones.
Me gustaría terminar este pequeño escrito dando algunos ejemplos de anti minas que he conocido. Mi hermana, por ejemplo, es a mi modo de ver, una anti mina más radicalizada, especialmente porque posee atributos que la harían ser, facilmente, una típica mina. Pero no, ella es mucho más brutal que yo por ejemplo. Mi hermana es mucho más ácida, intolerante y directa.
Otras mujeres que pensamos, entran en esta categoría, son dos amigas, realmente amigas, de mi papá. Mi papá está rodeado de anti minas, mujeres geniales como la Sole o la querida Ximena, con actitud, con cuento. Pero mientras el siga optando por (ojalá no se vaya a molestar por esto :D) mujeres como la ya mítica Luli, que todavía no hemos tenido el gusto de conocer, no tendrá el placer y la cicatriz que deja una anti mina en tu vida.
Con respecto a anti minas notables, yo altiro pensé en Natalie Portman, más que todo, porque la amo. Porque es seca, porque es la clase de mujer con la cual jamás te aburrirías, porque es seria y relajada a la vez. Es cosa de verla, no es cualquiera. Pero la Fergni me gritó y me dijo que yo no la conozco como para decir eso (púdrete). Simone De Beavoir, por supuesto; ella es la tatarabuela de las anti minas.
Por último, me gustaría dejar en claro que las mujeres más increibles que he conocido entran, mas o menos, en este cuento. Amigas, mi mamá si es que sacamos a Arjona del asunto. No se si es posible extender este concepto hacia al género masculino, la verdad es que lo dudo. Un buen punto de partida es, (como te decia, sr. espacial) están los que se atreven a estar con una anti mina y los que no. Porque creo que hay algunos que no dejan, ni cagando, de ser minos. Quizás están los que no lo saben aún. Pero, sin duda, minas como las que tanto he weviado ahora, EXISTEN, yo las he visto.

Dejo abierta la teoría, para que se someta a revisión y al inevitable destino de todos los paradigmas. T. S. Kuhn y otros grandes epistemólogos estarían muy orgullosos de mí.

Lo otro y lo último. La anti mina es de aquellas que simplemente desaparece, si se va, si se va del alma, de adentro, la perdiste. No hay manera de recapturar, de hacerla volver.