jueves, 6 de marzo de 2008

En la panadería.

Hay un motivo particular por el cual me da gusto ir a comprar pan todos los días, en la tarde. Mientras los niños pasan jugando, como yo hace años atrás en mi barrio, en mi pasaje; camino el mismo tramo, lento, mirando todo como si fuese la primera vez que camino por ahí. Paso el jardín infantil, esquivo los frutos de oro y las ciruelas verdes aplastadas en la vereda y llego hasta la esquina: imposible perderse porque suele salir un olorcito a pan recién hecho que lo llena todo.
Sucede que uno de los dueños de la panadería, aparte de saludar muy cordialmente, de sonreir y de pesar con una delicadeza suprema el pan que llevarás, recibe tu dinero, te da el vuelto y justo cuando ya te vas, él toma un dulce, generalmente un frugele, y te mira diciendo "Señorita, permitame endulzar su regreso a casa". Asisto al ritual del dulcecito todos los días y siempre me siento un poco más liviana.
Lo extraño es que hoy, el señor tomo dos dulces: "La juventud de hoy, tiene sólo dos colores favoritos, el Rojo Pasión y el Verde Esperanza, ¿cuál elige usted?"
Y, ¿cuál creen que elegí?

1 comentario:

des.almada dijo...

elegiste el verde.
pero igual es penca que los panaderos crean que la "juventud de hoy" tengo dos colores no mas :/
que pasa si a mi me gusta el azul?
já.
te quiero coniiiiiiiiiiii