
Ganas de escribir en el blog no me han faltado, ideas tampoco. Mi visita al loco mundo de los adultos sombríos, las horas de colación, los ejecutivos los horarios y los jefes despierta en mi un particular ánimo introspectivo-escritural. La verdad es que es chistoso cuando uno llega a un lugar donde nadie te conoce, donde tienes que cumplir ciertas expectativas mínimas y donde en cada hora aflora un signo $... ja! quizás eso solo ocurre cuando trabajas como a comisiones. El viejo despreciable de Marcuse y el señor Habermas que le limpiaba el vómito* tenían razón: ¡el mundo desencantado revela su cariz racionalizado y tecnificado ante mi carita: mi tiempo libre, mis horas de comer y de ir al baño se ven sometidas a la creciente optimización racional!
La verdad es que ya olvide esos desvaríos propios del fin de semestre y me he sumergido en la ávida lectura de las novelas de Paul Auster. ¡Cómo no lo conocí antes! El sr. Auster llegó sin mucha deliberación a mi vida: mi hermana estaba leyendo su exelente Leviatán y como NUNCA en la VIDA la vi interesada por un libro y MENOS recomendarlo, razones suficientes para que mi curiosidad... Apenas terminó su trabajillo, hurte el libro, en formato de libro-con-alto-status-intelectual, entiéndase, esa colección de Anagrama amarilla, con portadas pretenciosas y donde siempre publican autores que ni coña idea sabía que existían... Pero esta portada era sencilla: una Estatua de la Libertad en con el cielo en llamas.
Paul Auster tiene esa cosilla que al parecer, a nadie más le sucede, pero a mi si: cuando lees una novela muy bien narrada, con los personajes delineados de manera tan viva y creíble, toda la vida se sumerge un limbo literario, como si todo tomase un colorcillo narrativo y novelesco. El metro lleno de gente, un ramo de flores, el paseo Bulnes bajo la lluvia, un cigarrillo consumiéndose lento con Javiera Mena de fondo.... Todo todo tiene potencial de ser novelado.
Mañana me quedo en la cama, durmiendo hasta tarde leyendo mi versión impresa de pdf de Mr. Vértigo, imaginando el próximo regalo de cumpleaños que daré.
Me quedo en la cama, devorando páginas e imaginado leseras, escribiré un tanto y pondré esos discos deliciosos de Nu Jazz mientras poco a poco me voy convenciendo de que tengo control sobre mi vida y que ya pocas cosas me causan ansiedades. Que me conozco bien y que no me toleraré ni auto sabotajes ni auto engaños.
Quizá un día de estos tropiezo con algún personaje salido de alguna novela de Auster y conversamos un rato.
---
* Como me comentó la Cami una vez, Herbert Marcuse sufrió una apoplejía en sus últimos años y su adorado Habermas lo cuidó. Con la susodicha nos gustaba imaginar que Habermas corría a limpiarle sus fluidos varios.
La verdad es que ya olvide esos desvaríos propios del fin de semestre y me he sumergido en la ávida lectura de las novelas de Paul Auster. ¡Cómo no lo conocí antes! El sr. Auster llegó sin mucha deliberación a mi vida: mi hermana estaba leyendo su exelente Leviatán y como NUNCA en la VIDA la vi interesada por un libro y MENOS recomendarlo, razones suficientes para que mi curiosidad... Apenas terminó su trabajillo, hurte el libro, en formato de libro-con-alto-status-intelectual, entiéndase, esa colección de Anagrama amarilla, con portadas pretenciosas y donde siempre publican autores que ni coña idea sabía que existían... Pero esta portada era sencilla: una Estatua de la Libertad en con el cielo en llamas.
Paul Auster tiene esa cosilla que al parecer, a nadie más le sucede, pero a mi si: cuando lees una novela muy bien narrada, con los personajes delineados de manera tan viva y creíble, toda la vida se sumerge un limbo literario, como si todo tomase un colorcillo narrativo y novelesco. El metro lleno de gente, un ramo de flores, el paseo Bulnes bajo la lluvia, un cigarrillo consumiéndose lento con Javiera Mena de fondo.... Todo todo tiene potencial de ser novelado.
Mañana me quedo en la cama, durmiendo hasta tarde leyendo mi versión impresa de pdf de Mr. Vértigo, imaginando el próximo regalo de cumpleaños que daré.
Me quedo en la cama, devorando páginas e imaginado leseras, escribiré un tanto y pondré esos discos deliciosos de Nu Jazz mientras poco a poco me voy convenciendo de que tengo control sobre mi vida y que ya pocas cosas me causan ansiedades. Que me conozco bien y que no me toleraré ni auto sabotajes ni auto engaños.
Quizá un día de estos tropiezo con algún personaje salido de alguna novela de Auster y conversamos un rato.
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* Como me comentó la Cami una vez, Herbert Marcuse sufrió una apoplejía en sus últimos años y su adorado Habermas lo cuidó. Con la susodicha nos gustaba imaginar que Habermas corría a limpiarle sus fluidos varios.
2 comentarios:
Extrañaba tus textos kilometricos adictivos, en los cuales te sumerges en tu encantadoramente adorable cerebro superdesarrollado que tantas alegrias me ha dado y tanto me seduce...
Ahh claro, si me carga leer, si no estuve leyendo la lista de schindler en vacacones. si nunca he leido un libro por gusto weon, cierto? ¬¬
envidia micabeza no más, mojona.
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